Tortugas marinas / Historia natural

Historia natural

Historia natural

Las tortugas marinas hacen uso de diferentes hábitats que requieren, en la mayoría de los casos, de migraciones oceánicas. Poseen una reproducción iterópara, es decir, que se reproducen varias veces a lo largo de su vida, así como un comportamiento de anidación estereotipado. Otra característica común a todas las especies es una puesta de huevos voluminosa que ocurre varias veces durante cada temporada reproductiva. Además, todas las especies poseen un grado de filopatría y una fidelidad por el sitio de anidación significativos a nivel regional.  Estas características pueden sufrir variaciones poblacionales. Por ejemplo, se ha estimado que la población anidante de Florida exhibe una fidelidad laxa, ocupando un área de anidación de aproximadamente 100 km a la que regresa después de su anterior desove.

Aunque varía entre especies y poblaciones, en general las tortugas marinas alcanzan la madurez sexual en torno a los 20-30 años. A partir de este momento las hembras anidarán en ciclos de 2, 3 o 4 años. En cada temporada pueden realizar entre 1 y 10 puestas, espaciadas unos 15 días. Generalmente la puesta se realiza de noche. La tortuga emerge del agua para arrastrarse por la playa en busca de un sitio adecuado, donde inicia un barrido de la arena de superficie con sus aletas delanteras. Luego ancla sus aletas delanteras en la arena y excava con sus aletas traseras un hueco en forma de bota que varía en profundidad según las especies, entre unos 40 y 80cm. En este hueco son depositados unos cien huevos blandos, variando en tamaño según la especie desde el de una pelota de ping pong hasta el de una pelota de tenis (tortuga laúd). Después el nido es recubierto y la hembra regresa al mar.

La incubación adecuada dependerá del grado de humedad de la arena y el calor del sol. Si todo va bien, aproximadamente dos lunas más tarde las tortuguitas eclosionarán para iniciar el ascenso a la superficie. Generalmente emergen de la arena durante las horas nocturnas para iniciar su carrera frenética hasta la orilla. Las que hayan sobrevivido a la erosión natural de las playas o a los depredadores terrestres (perros, zorros, ratas, mangostas, aves, cangrejos o incluso el ser humano), tendrán que enfrentarse a los hambrientos peces y aves marinas que les esperan en la mar. De cada 1000 o 2000 huevos, se estima que sólo una tortuga llegará a ser adulta. Muchos misterios rodean todavía la ecología de las tortugas, sobre todo en estos primeros años de su vida pelágica. Su escasa corpulencia limita su movilidad y son sobre todo las corrientes las que las arrastran a zonas de concentración de alimento. Al cabo de varios años las tortugas ya serán capaces de moverse con gran destreza, iniciando nuevas fases en el ciclo de su vida alimentándose en praderas de fanerógamas, arrecifes de coral, escarpes y cañones submarinos, o en las profundidades del mar abierto. Quizás la mejor muestra de esta destreza es la capacidad de la tortuga laúd de sumergirse a más de 1000 metros de profundidad en busca de su principal alimento, las medusas.

Ciclo de vida

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A lo largo de su vida que puede llegar a los 45-65 años, las tortugas marinas ocupan tres ecosistemas distintos; la zona terrestre (playas de puesta), la zona oceánica y la zona nerítica.

 

 

 

 

 

Subir Zona terrestre: Hembras anidantes y neonatos. Fase de desove

Durante sus ciclos reproductivos, las hembras migran hacia sus áreas de puesta. Si realizan migraciones reproductivas es porque los sistemas ecológicos en los que pueden alimentarse y anidar exitosamente a menudo están distanciados geográficamente. Tanto el número de nidos como el de hembras que anidan suele diferir de un año a otro, debido a una serie de factores como las condiciones ambientales, los efectos antropogénicos y los factores denso-dependientes, que afectan a su supervivencia, crecimiento y reproducción. Además, las tortugas no anidan cada temporada, existiendo un intervalo de tiempo entre las sucesivas migraciones de anidación. A pesar de ello, las hembras presentan gran fidelidad al sitio de anidación.

Zona oceánica: Juveniles tempranos. Migración pasiva

Después de eclosionar los huevos, los neonatos emergen del nido y se arrastran hacia el mar a gran velocidad. Una vez en el agua inician un proceso de frenesí natatorio que les permite alcanzar una distancia prudencial de la costa lejos de potenciales depredadores e iniciando así su fase pelágica. En su carrera por la supervivencia  llegan a agregarse en zonas de convergencia caracterizadas por la acumulación de material flotante, sobre todo  Sargassum y otras macroalgas que les servirá de refugio y área crítica de alimentación. Dichas zonas son comunes entre la Corriente del Golfo y la costa sureste de EE.UU. y en la costa de Florida y el Golfo de México en el ecosistema nerítico. Concretamente, las crías de tortuga boba que nacen en las playas del Atlántico Noroccidental, inician una migración transoceánica alrededor del mar de los Sargazos, una ruta que coincide prácticamente con el sistema de corriente cálida conocido como Giro Subtropical del Atlántico Norte.

Actualmente se acepta que las tortugas serían capaces de guiarse en sus grandes rutas migratorias a través del reconocimiento del campo magnético de la Tierra. Distintas corrientes marinas pueden transportar a las pequeñas tortugas a través de cuencas marinas y oceánicas durante esta fase. Sin embargo, recientes estudios sugieren que los movimientos migratorios de estos juveniles tempranos no dependerían completamente de las corrientes oceánicas sino que serían parcialmente responsables de una natación orientada en respuesta a campos magnéticos regionales encontrados en la ruta, algo que les permitiría completar exitosamente su migración y permanecer en el interior de corrientes favorables. La existencia de zonas de importante agregación de tortugas juveniles (Grandes Bancos de Terranova, Azores, Madeira, Golfo de México, Islas Canarias) en fase oceánica coinciden con excelentes áreas de forrageo. Estas agregaciones parecen ser posible por la combinación de dos factores: el movimiento debido a sus capacidades natatorias, que aun siendo débiles pueden jugar un papel crucial en algunos puntos del recorrido, y al movimiento atribuido a las corrientes oceánicas. En esta etapa, las tortugas son epipelágicas, pasando el 75% de su tiempo en los primeros cinco metros de la columna de agua. No obstante, han sido registradas inmersiones mayores de 200 metros. La adquisición progresiva de mejores capacidades natatorias las permite comenzar a poder realizar migraciones más controladas dominando el efecto de algunas corrientes.

 

Zona oceánica: Juveniles Tardíos. Migración activa

A medida que crecen, ganan control sobre su flotabilidad y pasan más tiempo sumergidas. Como subadultos con mejores habilidades natatorias pueden migrar mayores distancias ocupando nuevos y atractivos áreas de alimentación más ricas en latitudes más templadas y desde donde pueden retornar estacionalmente para no verse sometidos a un shock térmico. Comienzan a ocupar sitios de alimentación neríticos desarrollando un comportamiento más béntico cerca de las playas donde nacieron, a las que llegarían a través del Giro del Atlántico Norte.

Salvo en periodo reproductor las tortugas son generalmente solitarias, aunque las corrientes y en el caso de las tortugas mas grandes el movimiento activo hacia áreas de especial interés para la alimentación o reproducción, condiciona que existan zonas de agregación importante.

En su fase oceánica las tortugas pasan la mayor parte del tiempo en los primeros metros de la columna de agua (si bien pueden llegar a realizar inmersiones hasta los 50 metros de profundidad), aprovechando al máximo las posibilidades de reposo y calentamiento flotando en superficie. Este comportamiento convierte a las tortugas en pequeños oasis de agregación de multitud de especies. Se puede destacar el alga Polysiphonia carettia  como epibionte típico de esta comunidad de organismos que incluye aves, peces, invertebrados, larvas, etc. 

 

Zona nerítica: Subadultos y adultos

A partir de una edad entre 7 y 12 años, con un tamaño recto de caparazón de entre 40 y 60 cm. de caparazón, los juveniles se acercan a la costa, su zona nerítica. Este cambio de hábitat caracteriza el paso de individuos juveniles a subadultos. Comienzan a alimentarse de esponjas, crustáceos, moluscos equinodermos, y demás invertebrados bentónicos. Los peces suelen aparecer en su dieta, aunque se cuestiona que las tortugas pueden capturarlos vivos, salvo que sean de especies de natación lenta. La presencia de peces en su dieta parece deberse más bien al aprovechamiento de descartes de los barcos de pesca. Algas y fanerógamas marinas suelen aparecer en su dieta, pero su ingestión parece ser accidental y no parecen obtener ningún beneficio nutritivo de ellas.

En ocasiones pueden acercarse bastante a la costa y se pueden adentrar incluso en rías, zonas estuarinas e incluso desembocaduras de grandes ríos. Se han identificado también algunas zonas costeras de especial relevancia para la alimentación, reproducción e hibernación donde se agregan las tortugas en gran número, al tiempo que se ha visto también, que las mismas hibernarían en aguas profundas, pasando en ocasiones semanas sin subir a la superficie para respirar.

Una vez alcanzan la madurez sexual cerca de las costas donde nacieron, se pueden considerar adultos. Como tales, entre temporadas reproductivas migran periódicamente de habitats de alimentación costeros (estuarios y plataformas continentales) a hábitats específicos para colonias anidantes, que ocupan durante estas temporadas. Sin embargo, se ha demostrado que también pueden realizar, en menor medida, migraciones a la zona oceánica. El apareamiento se produce dentro de un periodo corto de tiempo en el cual la hembra es receptiva y tiene lugar cerca de las playas de anidación. Este periodo finaliza antes de la primera puesta de huevos.