Las tortugas

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Evolución

Evolución tortugas

El origen exacto de estos animales es desconocido, pero existen fósiles confirmados de tortugas de hace al menos 180 millones de años. Hacia el final del periodo cretácico, hace más de 65 millones de años, aparecieron tortugas marinas como Archelon ischyros, una tortuga gigante, con un caparazón de hasta 3,5-4 metros de longitud. Desde entonces, tras millones de años de evolución y adaptación a la vida en los océanos del planeta, ocho especies de tortuga pueblan hoy sus aguas tropicales y subtropicales.

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Adaptación a medio marino

Tortuga nadando

Descendientes de las tortugas terrestres, las tortugas marinas tuvieron que realizar una serie de adaptaciones importantes para poder sobrevivir y colonizar el medio marino, partiendo de las marismas y estuarios en las márgenes del mar de Tethis. Una de las principales adaptaciones necesarias para su movilidad fue el cambio de las patas por aletas que, unido a un importante desarrollo muscular, permitiría a estos animales desplazarse con destreza en el agua. Sin embargo, este desarrollo muscular implicaba también que las tortugas marinas perdían la opción de retraer su cabeza y extremidades bajo la seguridad del caparazón. A pesar de estas y otras adaptaciones a la vida en un medio acuático salino, dos aspectos de su historia natural aparecen como importantes factores limitantes, especialmente en la actualidad frente a diversas amenazas derivadas del uso intensivo del medio marino y costero por parte principalmente de las industrias de la pesca y el turismo. La necesidad de tomar aire en superficie, unida al letargo de las tortugas en sus fases de reposo y calentamiento flotando en la superficie del mar hace que estos animales sean frecuentemente víctimas de la colisión con embarcaciones rápidas. Pero es, sin lugar a dudas, la puesta de huevos en nidos terrestres uno de los principales factores que han hecho extremadamente vulnerables las poblaciones de tortugas frente al ser humano.

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Historia natural

Cría de tortuga laúd

Aunque varía entre especies y poblaciones, en general las tortugas marinas alcanzan la madurez sexual en torno a los 20-30 años. A partir de este momento las hembras anidarán en ciclos de 2, 3 o 4 años. En cada temporada pueden realizar entre 1 y 10 puestas, espaciadas unos 15 días. Generalmente la puesta se realiza de noche. La tortuga emerge del agua para arrastrarse por la playa en busca de un sitio adecuado, donde inicia un barrido de la arena de superficie con sus aletas delanteras. Luego ancla sus aletas delanteras en la arena y excava con sus aletas traseras un hueco en forma de bota que varía en profundidad según las especies, entre unos 40 y 80cm. En este hueco son depositados unos cien huevos blandos, variando en tamaño según la especie desde el de una pelota de ping pong hasta el de una pelota de tenis (tortuga laúd). Después el nido es recubierto y la hembra regresa al mar.

La incubación adecuada dependerá del grado de humedad de la arena y el calor del sol. Si todo va bien, aproximadamente dos lunas más tarde las tortuguitas eclosionarán para iniciar el ascenso a la superficie. Generalmente emergen de la arena durante las horas nocturnas para iniciar su carrera frenética hasta la orilla. Las que hayan sobrevivido a la erosión natural de las playas o a los depredadores terrestres (perros, zorros, ratas, mangostas, aves, cangrejos o incluso el ser humano), tendrán que enfrentarse a los hambrientos peces y aves marinas que les esperan en la mar. De cada 1000 o 2000 huevos, se estima que sólo una tortuga llegará a ser adulta. Muchos misterios rodean todavía la ecología de las tortugas, sobre todo en estos primeros años de su vida pelágica. Su escasa corpulencia limita su movilidad y son sobre todo las corrientes las que las arrastran a zonas de concentración de alimento. Al cabo de varios años las tortugas ya serán capaces de moverse con gran destreza, iniciando nuevas fases en el ciclo de su vida alimentándose en praderas de fanerógamas, arrecifes de coral, escarpes y cañones submarinos, o en las profundidades del mar abierto. Quizás la mejor muestra de esta destreza es la capacidad de la tortuga laúd de sumergirse a más de 1000 metros de profundidad en busca de su principal alimento, las medusas.

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Los mares de España

Aunque existen en España algunas playas potenciales de anidación, se pueden considerar prácticamente anecdóticos los eventos de anidación registrados a lo largo de los últimos siglos. Pero tanto en mar abierto como en determinadas zonas costeras se pueden observar concentraciones de tortugas que, durante sus migraciones transoceánicas, encuentran en nuestros mares importantes hábitats de alimentación. Esto explica la diversidad genética de las tortugas presentes en nuestros mares. A lo largo de sus largos viajes, tortugas provenientes de poblaciones del Mediterráneo oriental, de la costa occidental de África, de Centro América y de las importantes playas de la costa del sureste de Estados Unidos, pasan frente a las costas de la península y las islas Canarias, donde abundan alimentos de gran valor. En aguas abiertas su dieta es oportunista e incluye peces, cefalópodos, moluscos, medusas y algas, siendo común desafortunadamente también que ingieran plásticos y otros desechos que se encuentran a la deriva. En las cercanías de nuestras costas, adultos y subadultos entran en una fase de alimentación distinta, sumergiéndose en determinadas zonas donde las características del fondo marino agregan varias especies bentónicas de invertebrados de gran valor nutritivo. Los estudios de seguimiento por satélite muestran la relevancia de estas zonas de alimentación en la fase previa de acumulación de reservas necesaria para sus grandes migraciones transoceánicas.

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